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Alabastro MalinasAlabastro Malinas

Alabastro s. XVI

Alabastro de Malinas, s. XVI

Escuela de Malinas, Bélgica, s. XVI
“Poncio Pilatos lavándose las manos”
Relieve tallado en alabastro y policromado, con marco tallado, policromado y dorado

La crueldad de aquel que se desentiende de un veredicto injusto, la imposibilidad de eludir la responsabilidad, la culpabilidad de quien permite que se ejecute a un inocente. Pilatos se lava las manos y con ello desvirtúa un ancestral rito de purificación; nada significan los rituales, la obediencia a la tradición, si el corazón no es justo. 

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Descripción y análisis formal

De un modo aún casi medieval, este relieve representa dos escenas en una: Poncio Pilatos se lava las manos, mientras dos soldados se llevan a Cristo hacia su martirio. El romano aparece sentado en su trono, símbolo de su poder, y se lava las manos en una jofaina mientras un sirviente vierte agua de un aguamanil. En ningún momento alza su mirada para mirar a Jesús, de espaldas a él, llevado por dos soldados, saliendo de la escena. Ésta se sitúa en un interior de arquitectura clásica, con un estrado sobre el que se alza el trono y un pilar al fondo, del que parte un arco de medio punto. Todos los personajes se sitúan en el mismo plano salvo el segundo soldado, que apenas vemos, situado claramente detrás de Jesús y del sirviente del aguamanil. Se trata por tanto de un relieve relativamente plano, que centra la atención en la narración del primer término, evitando la confusión derivada de introducir demasiados elementos anecdóticos. Esto nos indica que se trataría posiblemente de una escena parte de una serie de imágenes, que representarían toda la historia de la Pasión de Cristo.

Merece especial mención la forma de representar al único personaje que aparece de frente, el sirviente. Aunque gira su cabeza hacia Pilatos, su cuerpo queda en posición frontal y claramente visible. La suya es una anatomía fuerte, musculosa, visible bajo la túnica. Sus piernas, una de ellas adelantada y apoyada sobre el escalón del estrado, evidencian un buen tratamiento anatómico.

Iconografía

El tema de Poncio Pilatos lavándose las manos corresponde a la primera estación o escena del Vía Crucis, la titulada Jesús es condenado a muerte. Este episodio retrata siempre a Jesús ante Pilatos, si bien este último puede estar o no lavándose las manos, según la intención más o menos moralizadora del artista.

El Vía Crucis es una de las devociones más extendidas del mundo católico y refiere los sucesivos momentos vividos por Jesús desde su prendimiento hasta su crucifixión y sepultura. Se interpreta teológicamente como un camino de oración basado en la meditación sobre los sufrimientos de Cristo. Es por tanto a la vez un camino narrativo y simbólico, compuesto por catorce imágenes denominadas estaciones, basadas en los Evangelios y en los relatos tradicionales. En primer lugar, Jesús es condenado a muerte; en este alabastro lo vemos siendo llevado por los soldados, con la figura de Pilatos detrás, lavándose las manos. A continuación, Jesús carga con la cruz. En la tercera estación, Jesús cae por primera vez y es azotado por los soldados. La cuarta es aquella en la que se encuentra con su madre, María. La quinta, en la que Simón el Cireneo le ayuda a portar la cruz. En la sexta, Verónica limpia su rostro, quedando en su paño marcada la Santa Faz. En la séptima, Jesús cae por segunda vez, y en la octava consuela a las mujeres de Jerusalén. En la novena estación Jesús cae por tercera vez, y en la décima es despojado de sus vestiduras. En la undécima es clavado en la cruz, y su muerte en ella corresponde a la duodécima estación. En las dos últimas, Jesús es bajado de la cruz y puesto en brazos de su madre (imagen de la Piedad), y finalmente es sepultado.

La costumbre de rezar las estaciones de la cruz comenzó en Jerusalén, donde ciertos lugares de la Vía Dolorosa fueron reverencialmente marcados. De hecho, hasta la época del emperador Constantino, en el siglo IV, muchos peregrinos acudían a la ciudad para recorrer allí el camino de Cristo hacia la cruz. La tradición nos cuenta que la Virgen María visitaba diariamente las estaciones originales, y san Jerónimo informó sobre los numerosos peregrinos que acudían a visitarlas. No obstante, en estos primeros tiempos la devoción no estaba aún fijada con claridad.  El siglo XII los peregrinos mencionan la ruta de la Vía Sacra, si bien a día de hoy no tenemos claro en qué momento se fijó la tradición como la conocemos actualmente. Fueron probablemente los franciscanos los primeros en establecer el Vía Crucis, dado que fueron nombrados en 1342 custodios de los lugares más sagrados de la Tierra Santa. En 1868, comprendiendo la dificultad de dicha peregrinación, el papa Inocencio IV concedió a los franciscanos el derecho de erigir estaciones del Vía Crucis en sus templos. El privilegio fue extendido primero por Benedicto XIII en 1726 y luego por Clemente XII en 1731. Este último lo amplió a todas las iglesias siempre que las estaciones fueran erigidas por un padre franciscano. Al mismo tiempo, este papa fijó definitivamente el número de estaciones en catorce.

Análisis técnico y de materiales

El alabastro es una variedad de sulfato de calcio, de forma compacta y cualidad traslúcida. De baja dureza (entre 1,5 y 2 en la escala de Mohs), es por ello muy empleado por los escultores, dado que permite trabajos de talla de gran complejidad. Su nombre procede del griego αλάϐαστρος (alabastros), término que designaba un tipo de perfumero sin asas que era generalmente realizado en este material. A su vez, la denominación griega parece proceder del antiguo egipcio a-labaste, que remite a las vasijas dedicadas a la diosa Bast, representada como leona o gata. Los antiguos autores romanos Plinio el Viejo y Claudio Ptolomeo mencionan un material llamado alabastra, utilizado para realizar vasijas ornamentales procedentes de Egipto denominadas alabastrones.

Ya los egipcios lo utilizaban, como evidencia el sarcófago del Museo Sloane de Londres, procedente de la tumba del faraón Seti I (h. 1294 – 1279 a.C.). También era usado para realizar vasos canopos y otro tipo de vasijas rituales. Igualmente ocurría en la América prehispánica, donde era utilizado por mayas y aztecas. Debido a su carácter traslúcido el alabastro ha sido también colocado en forma de paneles para cubrir ventanas, como podemos ver en el Mausoleo de Galla Placidia en Rávena, del siglo V, o en la catedral de Plasencia, del XIII.

Como material escultórico encontramos también notables ejemplos en la Antigüedad, siendo uno de los más bellos el grupo de relieves de la Cacería de leones de Asurbanipal, del siglo VII a.C. (British Museum, Londres). En la Edad Media fue asimismo muy utilizado, tanto por cristianos como por musulmanes. Podemos ver trabajos en alabastro, por ejemplo, en el Palacio de la Aljafería de Zaragoza (s. XI) y en los retablos de Nottingham (s. XV). En la Edad Moderna encontraremos numerosos centros europeos de talla del alabastro, y en los siglos XIX y XX será un material empleado a menudo para realizar figuras ornamentales y lámparas. Ya en época contemporánea grandes artistas como Henry Moore o Eduardo Chillida crearán notables obras con él.

A menudo la escultura en alabastro se completaba con policromía, como vemos en este relieve. Los tonos rojos, azules, verdes y dorados colorearán detalles, vestimentas y cabellos, mientras que las carnaciones de las figuras permanecerán generalmente en el tono de la piedra.

Contexto histórico

Los Países Bajos nacen como estado unificado gracias a Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico. Poco antes de abdicar del trono, en 1549, este monarca otorgó mediante una Pragmática Sanción una significativa autonomía de la región respecto al Imperio. Sin embargo en 1555 abdicó en favor de su hijo, Felipe II, quien  reforzó la persecución religiosa de los protestantes mientras guiaba sus esfuerzos hacia la centralización del gobierno, la justicia y los impuestos, minando la recién otorgada autonomía flamenca. Todo ello conducirá a una revuelta que desembocará en la guerra de los Ochenta Años (1568-1648), en la cual los neerlandeses lucharán por su independencia de España. Por el Acta de Abjuración de 1581 y la Tregua de los Doce Años de 1609 se formarán dos entidades políticas diferentes: las Provincias Unidas, al norte, y los Países Bajos Españoles al sur.

Malinas, ciudad situada en el distrito del mismo nombre de la actual provincia de Amberes (Bélgica), fue ya en época borgoñona (s. XV) un importante centro político, dado que albergó la Cámara Central de Cuentas y el Parlamento, así como la corte de Margarita de York.  En 1504, por orden de Felipe IV de Borgoña (Felipe el Hermoso), Malinas se convierte en sede de la corte del estado borgoñón, consolidándose como un floreciente centro artístico. El apogeo de esta corte tendrá lugar cuando Margarita de Austria sea nombrada gobernadora, primero del Ducado de Borgoña y luego de los Países Bajos. En 1530 ésta fallece y la nueva gobernadora, María de Hungría, traslada la corte a Bruselas. En 1559 Malinas se convierte en archidiócesis, precisamente en un momento de enfrentamientos debidos a la Reforma y la Contrarreforma; la ciudad será saqueada en 1572 por los españoles, y en 1580 por los ingleses.

El florecimiento cultural de los Países Bajos durante el siglo XVI se debió, en gran parte, al impulso que supusieron las políticas de Carlos V (1500-1588), cabeza del imperio español entre 1516 y 1555 y el primer monarca en gobernar Europa y América. De sus abuelos paternos Maximiliano I de Habsburgo y María de Borgoña heredó el patrimonio borgoñón, los territorios austríacos y el derecho al trono del Sacro Imperio Romano Germánico. De sus abuelos maternos, los Reyes Católicos Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, heredó Castilla, Navarra, Aragón, Nápoles, Sicilia y las Indias.

Pese a ser el hombre más poderoso de su época, Carlos V fue un emperador al servicio del pueblo y no al revés. Se comprometió a ser un juez justo para sus ciudadanos y a amparar a los pobres y oprimidos frente a los poderosos. Durante su reinado viajó de un extremo a otro de sus dominios y combatió en numerosos campos de batalla. Su corte fue por tanto itinerante, pero siempre supo rodearse de importantes pensadores, artistas y hombres de ciencia. Responsable de gobernar sobre el territorio más extenso de la Cristiandad, hizo de la difusión del cristianismo su misión y no persiguió a los luteranos con la fiereza con que lo haría más tarde su hijo, aunque sí trató de poner freno al cisma planteado por Lutero en la Dieta Imperial de Worms (1521), a la que acudió el propio teólogo. No olvidó tampoco la divulgación de la cultura, y de hecho fundó las conocidas como universidades carolinas: Granada (España, 1531), San Marcos de Lima (la primera universidad de América, fundada en 1548) y México en 1551.

Escuela

La introducción del Renacimiento italiano en los Países Bajos fue lenta y difícil debido a que tropezaba con un arte autóctono sólido de altísimo nivel y gran tradición. Así pues, fue tardía la aceptación del nuevo estilo que venía de Italia y las decoraciones góticas se mantuvieron aún durante largo tiempo. No obstante, hubo artistas flamencos que viajaron a Italia y regresaron, convertidos en italianistas, difundiendo el nuevo estilo. Este es el caso en particular de la Academia de Haarlem y la escuela de Malinas, principales centros de la nueva corriente. Allí todo se hará al modo italiano, y hasta habrá un Vasari neerlandés, Carel Van Mander, que en 1604 publicó las biografías de los pintores ilustres de su tierra.

Dentro de este contexto, en la ciudad de Malinas se aprecia a principios del siglo XVI una progresiva especialización de los talleres escultóricos en el trabajo del alabastro. Se llegó incluso a una producción en serie, basada en gran parte en la tradición local que ya existía. Ya entre 1500 y 1525 se realizaron numerosas Mechelse popjes, pequeñas cajas que contenían figurillas y flores artificiales trabajadas en alabastro y otros materiales. Cuando a mediados del siglo la demanda de retablos de madera declinó, muchos escultores comenzaron a centrarse en la talla del alabastro, que será cada vez más común según avance la centuria. Se realizarán retablos completos en este material, trabajados en relieve, además de escultura exenta de gran, mediano y pequeño formato. Asimismo estos talleres producirán pequeños altares destinados a una clientela privada.

Bibliografía

LIPIŃSKA, A. Moving sculptures: Southern Netherlandish alabasters from the 16th to 17th centuries in Central and Northern Europe (Studies in Netherlandis Art and Cultural History). Leiden/Boston, Brill, 2014.

WOODS, K. W. Cut in alabaster: a material of sculpture and its European traditions. 1330-1530. Turnhout, Brepols, 2018.