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cristo indoportuguesMarta Gualda

Cristo indo portugués s XVII

Cristo indo-portugués del siglo XVII
Marfil de elefante tallado, madera ebonizada, remates de metal
50 cm de altura de la talla, 110 cm de altura total con la peana

Marfil sobre madera oscura, un cuerpo que cae exánime sujeto por fríos clavos de hierro a una cruz de un negro profundo. Las líneas de la madera son limpias, aristadas, violentas en contraposición con la suavidad de la talla, con la delicadeza de una figura estilizada que revela el origen oriental de su autor. La cruz es rígida, dura y sólida; sobre ella el cuerpo de Cristo cae leve, formando una elegante y delicadísima curva, aún más bella hoy gracias al expresivo efecto del veteado del marfil.

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Descripción y análisis formal

Escultura de extraordinaria calidad tallada en marfil en bulto redondo y dispuesta sobre una cruz de madera ebonizada, con peana escalonada y moldurada del mismo material. Esta cruz es típica del barroco geométrico europeo, con brazos rectos, desornamentados, y sobrios remates de metal moldurados y coronados por esferas. La filacteria con las siglas INRI está también tallada en marfil, trabajada en relieve. La inscripción alude a la frase latina Iesvs Nazarenvs Rex Ivdaeorvm, que se traduce como “Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos”.

Se trata de una talla de suave y elegante silueta, lograda aprovechando la morfología natural del colmillo de marfil, su característica curvatura. Vemos la representación de Cristo ya muerto, sin corona de espinas, con la herida en el costado y la cabeza caída sobre el pecho. Su rostro, de serena belleza, evidencia calma y paz, el descanso tras la agonía. Lo mismo sucede con sus miembros y torso, completamente estirados, trabajados además con un cuidado naturalismo que refleja detalles anatómicos precisos como los tendones, las costillas o el hundimiento del pecho de un cuerpo extenuado. La figura de Cristo queda unida a la cruz por tres clavos, con un pie colocado sobre el otro, lo que determina una expresiva torsión de la cadera y la consecuente inclinación de las piernas, más naturalista y menos frontal –más barroca– que en la versión de cuatro clavos.

Se aprecia la forma característica de tallar la cabellera en la escuela indoportuguesa, con incisiones lineales marcando la dirección del cabello, a base de mechones. También es típico de esta escuela el rostro de ojos y boca pequeños y nariz recta, así como el paño de pureza de pliegues algo duros, geometrizados, especialmente en la zona anudada de la cadera, donde forman una silueta casi de hoja de acanto.

La figura del Crucificado será una de las más importantes dentro de la eboraria barroca. Serán generalmente como la que aquí vemos: obras de notable riqueza, en las que se persigue la perfección anatómica y la finura de los detalles, con cruz de ébano o madera ebonizada buscando el contraste expresivo de colores, texturas y materiales. Eran tallas destinadas principalmente para la devoción privada, adquiridas por nobles o ricos comerciantes europeos quienes, en ocasiones, las regalaban a centros religiosos como ofrenda de especial valor.

Análisis técnico

Marfil tallado en bulto redondo para la figura, talla en relieve para la cartela. Cruz en madera ebonizada (teñida de negro), con peana en el mismo material trabajada mediante molduración. Los remates son repujados, con bolas de fundición.

Existen varios tipos de marfil, aunque el más conocido es el de elefante, ya sea africano o asiático. Se trata del de mejor calidad para la talla, por su poro cerrado y lleno de sustancia oleosa, que permite un pulido más fácil y un mejor acabado.

El comercio del marfil de elefante, como material especialmente valorado, puede rastrearse a fechas tan antiguas como mediados del III milenio a.C. Desde entonces su uso y posesión se asociará a las élites, convirtiéndose en símbolo de poder y prestigio. El trabajo del marfil ‒la eboraria‒ evolucionará desde la Prehistoria hasta el día de hoy. Será especialmente notable su calidad en el Viejo Continente durante la Edad Media hasta el siglo XV, si bien durante el XIX volverá a retomarse con intensidad, a raíz de las políticas coloniales europeas. Entre ambos periodos, las piezas de marfil serán raras, extremadamente apreciadas y valoradas.

Las técnicas utilizadas en la eboraria son similares a las propias del trabajo de las maderas duras. Se usarán buriles, escalpelos, compases, trépanos, punzones, cuchillas, sierras, tenazas y limas, además de tornos especiales. El primer paso consiste en seleccionar la placa o bloque de marfil a utilizar, que seguidamente se ablanda mediante pulido o laminado. Comienza entonces el trabajo artístico con limas y tornos para desbastar los contornos. Ya definidos los volúmenes, se dibujan los contornos con cincel y se crean los detalles con elementos de precisión. Una vez finalizado este trabajo se procede a pulir la pieza.

Contexto histórico

A través de las rutas comerciales que unían Europa, América y las Indias llegaron a la Península Ibérica diversos productos orientales, en la mayor parte de los casos considerados de lujo, entre los que destacaron las piezas realizadas en marfil. Las familias reales, los nobles y los comerciantes adinerados demandaban objetos exóticos para enriquecer sus colecciones, siendo los de marfil especialmente preciados tanto por el propio material, valioso y exótico, como por la calidad de la talla. Estas imágenes tenían, además, una doble función. En primer lugar eran objetos preciosos y decorativos, pero también tuvieron un fin didáctico y evangelizador.

El portugués Vasco da Gama fue, en 1498, el primer europeo en llegar a la India desde los tiempos de Marco Polo. La intención de la corona portuguesa era establecer colonias para hacerse con el control del comercio de especias; en 1510 ocupa Goa, en la costa centro-occidental de la India. Pronto, su colonia permanente en Velha Goa se convertirá en el centro de la India portuguesa, en la capital del virreinato. Goa se consolidó como el mercado principal para los productos de toda Asia, pero también de Oriente Próximo. En sus calles, de espléndida arquitectura, se podían comprar perlas de Baréin, sedas chinas, especias de Malasia y telas portuguesas.

Las Armadas de la India, flotas organizadas por la corona y enviadas anualmente hacia Goa, recorrían la Carreira da Índia, la ruta marítima abierta por Vasco de Gama alrededor del cabo de Buena Esperanza. Entre 1497 y 1650 partieron 1.033 flotas desde Lisboa en esta dirección. El trayecto duraba algo más de un año: unos seis meses para llegar hasta la India, y otros seis para regresar. Los marinos habían de tener en cuenta, ante todo, el comportamiento de los monzones; el momento ideal para doblar el Cabo de Buena Esperanza era entre junio y julio, para llegar a la costa Este africana en agosto, justo a tiempo para aprovechar los vientos del monzón de verano a fin de llegar a la India en septiembre. Este era, precisamente, el momento crítico: si la Armada no alcanzaba el Ecuador en la costa Este africana para finales de agosto, se quedaría atrapada en África y tendría que esperar hasta la siguiente primavera para reanudar su viaje. Y, una vez en India, los barcos deberían esperar a que comenzara el invierno para regresar a Europa. Por lo tanto, cualquier retraso en este tramo del viaje podía terminar añadiendo un año más al viaje. La circunnavegación de Madagascar abrió una ruta alternativa, conocida como ruta exterior, que si bien bien ofrecía una mayor flexibilidad en cuanto a las fechas era más precaria en cuanto a puertos de suministro.

Respecto al viaje de retorno, tenía como principal peligro las rápidas aguas del canal de Mozambique, especialmente peligrosas para barcos completamente llenos de carga, y por tanto menos maniobrables. En las primeras décadas del siglo XVI, la Armada partía de la India en diciembre o, como muy tarde, a mediados de enero. Tras esa fecha la flota se vería obligada a seguir la ruta exterior, por el este de Madagascar, donde se consideraba que había aguas más seguras para la preciosa carga. No obstante, esta ruta suponía saltarse un importante puesto de carga de agua potable en la isla de Mozambique, que habría de efectuarse más tarde en otro puerto. A partir de 1525 las normativas fueron variando, obligando a la Armada a seguir una u otra ruta, y desde la década de 1590, cuando entran en competición los holandeses y los ingleses, el viaje de vuelta se retrasará gasa febrero o marzo, lo que conllevó un aumento significativo del número de naves perdidas o retrasadas por el clima.

Escuela

Las de la escuela indo-portuguesa (o luso-india) son tallas en marfil que combinan temática e iconografía cristianas, procedentes de Portugal, con motivos decorativos, fisonomías, elementos y técnicas propios de la India. Esto se debe a que fueron piezas realizadas por artistas locales copiando modelos traídos de Europa por los misioneros jesuitas, principalmente grabados. Este tipo de tallas, destinadas a clientela europea, se realizaban principalmente en Goa, donde existía una larga tradición de escultura de marfil. Por ello, el resultado será un síntesis de la propia herencia estética local (hincapié en las texturas de ropajes y objetos, importancia de la representación animalística, etc.), con la iconografía y el gusto occidentales.

En este caso se trata de un Cristo indo-portugués del siglo XVII, por lo que sigue modelos barrocos europeos. De ahí la importancia de las líneas diagonales, empezando por la descrita por el propio cuerpo de Jesús. La cabeza caída, el torso inclinado y, principalmente, las piernas montadas una sobre otra, con una rodilla más alta, la que corresponde a la pierna derecha, que se dobla sobre la izquierda. Cruza esta diagonal la línea en V marcada por los brazos, recalcada por la propia disposición de la cartela con la inscripción INRI.

Como hemos mencionado más arriba, los marfiles indo-portugueses siguen modelos de estampas traídas de Europa, no sólo de Portugal sino también de Alemania, Italia o España, entre otros países europeos. Sus temas serán variados, aunque siempre religiosos, incluyendo crucifijos, diversas advocaciones marianas e imágenes de santos. Esta escuela tiene su origen a principios del siglo XVI, y mostrará desde el inicio características propias como los rostros de ojos pequeños, los cabellos trabajados a base de mechones o la vestimenta influenciada por los trajes tradicionales indios.

Estudio comparativo

En comparación con otras piezas del mismo periodo y escuela, tanto crucifijos como otras tipologías de marfil indo-portugués, podemos concluir que la pieza en estudio es extraordinaria en cuanto a calidad artística y belleza formal. Se caracteriza por un tratamiento anatómico más suave, naturalista y equilibrado que la mayoría de piezas equivalentes, aún compartiendo con ellas la sintetización y la personalidad propias de la escuela luso-india.

Esto se aprecia especialmente en la comparación con un Cristo crucificado barroco del siglo XVIII conservado en el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid (nº inv.CE01160, fig. 1). Cuenta con una cruz de madera ebonizada, similar a la nuestra aunque de perfiles biselados y con remates algo más adornados, propios del siglo XVIII. Se trata también de un Cristo de tres clavos sin corona de espinas, aunque es un Cristo vivo, agonizante y trabajado con un mayor patetismo. En ambas tallas se aprecia una anatomía similar de brazos largos, muy estirados, y torso extremadamente delgado, con las costillas visibles. La atención al detalle es muy parecida en ambos casos, aunque la talla es de más finura en la imagen que nos ocupa, y el modelo general de una mayor elegancia formal.

Otra pieza indo-portuguesa que, aunque cercana en fecha y escuela a la nuestra, evidencia una talla de trabajo más tosco y geometrizado, es el Buen Pastor del Metropolitan Museum de Nueva York (nº inv. 2011.576.7, fig. 2). Es innegable que el artista autor de nuestro Crucificado era un escultor con un nivel de maestría muy por encima de lo habitual. Observamos también esta diferencia en otra representación de Jesús Niño, en este caso del British Museum (nº inv. 1957,1008.1, fig. 3).

Cabe señalar también otra notable pieza, un Cristo crucificado del Victoria & Albert Museum de Londres (nº inv. A.2-1939, fig. 4) datado hacia 1650, quizás el más cercano a nuestra talla por su estilización, tipo de rostro e incluso iconografía, con la misma forma de colocar la cabeza y de anudar el paño de pureza. Sin embargo, evidencia un trabajo de talla notablemente menos hábil que el de la obra que nos ocupa, de mucha menor finura.

Bibliografía

BAENA GALLÉ, J. M., “Un Marfil Indoportugués en Sevilla” en Laboratorio de Arte,

nº. 14, 2001. (pp. 225-230)

ECHEVARRÍA, J. M.: Coleccionismo de marfiles. Everest, León, 1980.

ESTELLA, M. M.: Escultura barroca en marfil en España. C.S.I.C., Madrid, 1984.

MARFIL, P.; CAÑETE-AYLLÓN, R.; MARFIL, S.: Entender el arte: la Eboraria. Seminario Permanente de Artes Decorativas, Universidad de Córdoba, 2018.

TRUSTED, M. Baroque & Later Ivories. Victoria & Albert Museum., Londres, 2013.