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Inmaculada S. XVII

España, Escuela andaluza
Alrededor de 1600
Óleo sobre lienzo
172 cm x 136 cm

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Mulier Amicta Sole “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol y con la luna debajo de sus pies y sobre la cabeza una corona de doce estrellas” Apocalipsis (12:1)

De estilo protobarroco, se trata de una pintura de fuerte devoción mariana y en concreto, Inmaculista, de principios del XVII.

En el centro de nuestra obra destaca la figura de la Virgen, elevada entre nubes y sostenida por angelitos, que le otorgan un mayor peso a su figura, siguiendo así las directrices del concilio de Trento.

Representando la idea de glorificación, con gesto al cielo y de gran luminosidad, la Virgen viste túnica roja y manto azul y blanco.  Una característica de gran belleza es que la Virgen se encuentra flanqueada en la parte superior por ángeles ocultos parcialmente por las nubes.

Nuestra pintura presenta la mayoría de las Letanías lauretanas de la Inmaculada Concepción. Los símbolos están integrados perfectamente en el paisaje y se disponen a los pies de la virgen de manera despejada, ya que las nubes la rodean dejando apartado el resto. Entre estos símbolos se encuentran: la torre de David, hortus conclusus o huerto cerrado, civitas Dei o ciudad de Dios, árboles y flores que componen laudes, fuente y pozo. En la mitad inferior de la composición, se ha dejado dispuestos entre las nubes, la puerta del cielo a la izquierda y la escalera a la derecha.

El paisaje, además de transmitir profundidad y realismo, se adapta a la curva de las nubes que forman una mandorla en torno a la Virgen.

A los pies de la Virgen se aprecia una nube circular oculta por siete ángeles, que a su vez estos quedan enmarcados por una luna casi invisible. Es importante la presencia de esa luna como un globo casi transparente e iluminada en su parte superior, como así plantea Pacheco en su obra Arte de la Pintura: 

Hase de pintar, pues, en este aseadísimo misterio esta Señora en la flor de su edad, de doce a trece años, hermosísima, lindos y graves ojos, nariz y boca perfectísima y rosadas mexillas, los bellísimos cabellos tendidos, de color de oro; en fin, cuanto fuere posible al humano pincel. (…) Vestida del sol, un sol ovado de ocre y blanco, que cerque toda la imagen, unido dulcemente con el cielo; coronada de estrellas; doce estrellas compartidas en un círculo claro entre resplandores, sirviendo de punto la sagrada frente; (…) debaxo de los pies, la luna que, aunque es un globo sólido, tomo licencia para hacello claro, transparente sobre los pies; por lo alto, más clara y visible la media luna con las puntas abaxo.

De lo mas original, que hasta la fecha no hemos podido encontrar similitud alguna en otras obras, es la piel que envuelve los puños de la túnica de la Virgen, que haciéndose con ella su propio atuendo, hace referencia quizás a la bestia apocalíptica (Ap 13, 1) pero que ya ha sido derrotada por Ella o bien, como símbolo de la Virgen como conexión terrenal con lo divino, aunque estas son meras suposiciones.

Otro bonito detalle es la preciosa filacteria “Tota Pulchra esa” inscrito en el collar de la Virgen. Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te» (‘toda hermosa eres, amiga mía, y no hay defecto en ti” Cantar de los Cantares (4, 7))

La pintura esta firmada en el ángulo inferior derecho por Guido Reni fecit 16??. Si bien sabemos que la firma es contemporánea a la ejecución de la obra, también podemos afirmar que se trata de una firma apócrifa. Aunque ésta denota la fama del pintor italiano y como influyó en la escuela andaluza, cuyos pintores, entre ellos el propio Murillo, se vieron influenciados por él. Si bien son más las características que las diferencian a las que las unen, encontramos cierto paralelismo en la composición, romboidal y de mirada al cielo, con la obra de Guido Reni de la Inmaculada que originariamente se encontraba en la Catedral de Sevilla y que hoy día cuelga en las paredes del Metropolitan Museum.

Con una marcada composición romboidal, compuesta por dos rombos verticales concéntricos, nos llama la atención las proporciones de la Virgen, que tal y como se hacía en la escuela sevillana, tiene una base inferior muy ancha ( piernas muy largas y pesadas) transmitiendo una potente solidez y marcado estatismo, y en cambio una parte alta sumamente estrecha (pequeña cabeza y fino tronco) transmitiendo en su conjunto un efecto óptico de proximidad al cielo, pero  su vez gran presencia en el mundo terrenal. Suponemos por tanto que esta pintura decorativa fue ejecutada para poder apreciarse a gran altura, que gracias a esta enfatizaría la proximidad al mundo celestial.

Esta pintura ya fue restaurada posiblemente en el siglo XIX o principios del XX, presentando repintes en la boca de la Virgen y en sus manos. Admitiendo por tanto otra limpieza, que por el momento, no hemos realizado.